Presioné mi nariz contra la pequeña ventana redonda y miré hacia la habitación oscura más allá. Algo peculiar parecía estar sucediendo. El cansado asistente del quiosco que estaba a mi lado solo logró una leve sonrisa. Ella lo había visto todo antes.

Mirando más de cerca, me di cuenta de que una versión animada de una historia de Julio Verne se estaba reproduciendo en una pantalla. Imágenes ingenuas, en blanco y negro bailaban sobre él, pintando a la escasa audiencia con un brillo plateado y parpadeante.

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